¿Dónde debo matricular a mi hija o hijo?. En esta época del año florece esta pregunta en muchos hogares con criaturas de entre 2 y 6 años. Parece sencillo, pero la crianza de hoy somete a muchos interrogantes que quizá sorprendan a quienes no estén ante esas cavilaciones.
Matricular a tus peques en un cole u otro quizá sea una de las decisiones más trascendentales para una familia. También es una decisión política, puesto que la educación es uno de esos espacios donde se dibuja, con trazo fino, el modelo de sociedad que queremos ser. No se trata solo de aulas, ratios o infraestructuras; se trata de a quién incluimos, a quién dejamos fuera y qué entendemos por derecho.
Como madre de la pública, aconsejo que lo mejor casi siempre es ir al cole de tu barrio, el más cercano. A veces no hace falta ni decir que ese es el público, porque vivas en la ciudad o en un pueblo, es la red que mayor territorio abarca. Allí donde la educación no es un negocio, apenas hay rastro de la privada o la concertada.
Ir al cole más cercano implica hacer comunidad educativa donde vives. Facilitar la movilidad activa y dejar atrás las carreras matutinas en coche o eternos trayectos en bus escolar. Implica que la red de amistades de los peques germinará cerca, las extraescolares serán más próximas y el Tetris de horarios familiares estará más relajado.
Quizá conviene recordar que la educación no solo transmite conocimientos: también sostiene comunidades. Es el primer lugar donde aprendemos a convivir con personas fuera de la familia. Cuando ese espacio se fragmenta, cuando se organiza en circuitos paralelos, también se resquebraja la posibilidad de una sociedad compartida.
Solo tengo agradecimientos para el profesorado que ha atendido en la pública a mis dos hijos. Lo que vemos desde fuera es un cuerpo docente que día a día saca adelante proyectos, semanas culturales, obras de teatro, excursiones, english weeks, charlas para familias, carnavales o tutorías siempre que son necesarias. Pero también cuestiones menos visibles, como adaptaciones curriculares que facilitan la vida a quienes tienen dificultades o programas de desarrollo de capacidades para quienes tienen hambre de saber.
Ofrecen una educación excelente sin dejar a nadie atrás, independientemente de su renta, sus necesidades educativas o qué apellidos tenga. Y, ¡oh, sorpresa!, la diversidad existe, es maravillosa, y también es compleja y hay que trabajar con ella. Para mí, eso es esencial.
También tengo personas muy queridas que trabajan en la concertada, magníficas docentes. Pero la realidad es que desempeñan su trabajo con condiciones laborales de horario y sueldo mucho peores que las del profesorado de la pública. Los salarios, aunque se sostienen con los impuestos de Aragón, pasan por la empresa que debe obtener un beneficio. Me gusta pensar que matriculando a nuestros hijos en la pública también remamos contra la precariedad laboral.
Ahora bien, desde dentro, como docente de secundaria en activo, la admiración por cómo funciona la educación pública es máxima. A mi alrededor tengo innumerables ejemplos de profes que se dejan la piel, y a veces hasta la salud, en sacar adelante proyectos: desde los equipos directivos y de orientación hasta los clubs de lectura, las aulas ATECA (con impresoras 3D, gafas de realidad virtual), intercambios y Erasmus, liguillas, ajedrez en la escuela, clases de español, huertos escolares o programas de mejora de la convivencia.
Echan más horas que un reloj, también fuera de su horario, con una continua exigencia de formación y actualización. Lo hacen porque sienten que forman parte de un proyecto educativo y de sociedad en el que el bienestar del alumnado y las familias es la única prioridad, no la cuenta de resultados.
Del mismo modo que la sanidad pública es la única que va a creer en nuestra salud por encima del negocio, la educación pública es la que defiende que todo estudiante merece un futuro pleno de oportunidades. Y, para ello, lo mejor que podemos hacer es sumarnos activamente a ese proyecto de sociedad que representa la escuela pública.
Blanca Enfedaque
Responsable de Comunicación de Izquierda Unida Aragón y profesora de secundaria
Artículo publicado en Heraldo de Aragón (7/4/2026)


