Hace pocos días, el presidente de Extremadura, señor Monago, planteaba que iba a cambiar la ley electoral para proponer las listas abiertas. O iba a proponerlo, porque no tiene competencia, al menos en lo que respecta a elecciones de ámbito estatal.

De vez en cuando, y seguramente con la mejor intención del mundo, muchas personas claman por la modificación de la ley electoral con el fin de que la ciudadanía tenga más control sobre las personas que elige. Piden listas abiertas, porque piensan que así, si un partido pone en puestos de salida a una persona que consideran que no merece salir elegida, podrán no votarla.

La realidad es que las listas abiertas ya existen, son las del Senado, y no es cierto que suceda lo que dicen quienes optan por este procedimiento electoral. El resultado es que salvo mucha igualdad entre dos partidos, lo que sale normalmente es tres elegidos del partido más votado y uno del segundo. Los partidos minoritarios no rascamos bola. El ejemplo lo tenemos con Izquierda Unida. En una votación como la de 2011, en que tuvimos casi el 7 % de los votos, ningún candidato de IU fue elegido en el Senado. En todo caso uno en la Entesa de las Esquerras de Cataluña, porque iba en esa lista conjunta con PSOE y ERC. Las listas abiertas responden al interés de los partidos mayoritarios. Resultan mucho más desproporcionadas que la ley D’hont. Y otro ejemplo: En una ocasión se presentó José Antonio Labordeta por Izquierda Unida al Senado por Zaragoza y no salió. Tuvo más votos que el resto de candidatos de IU pero fue muy insuficiente.

Contaba el expresidente de Cantabria, señor Revilla, que el más votado para el Senado de Cantabria en una ocasión fue Luis Bárcenas, que ni siquiera había pisado la región cántabra.

¿Por qué se produce eso? Básicamente por dos motivos: Porque la mayoría de los ciudadanos no conocen suficientemente a los distintos candidatos, y votan a quienes ponen los partidos. Y en segundo término, quienes deciden ejercer la opción de votar a personas de partidos diferentes son una minoría, en general inferior a la diferencia entre el primer partido y el segundo. Y su práctica habitual, en general, es la de votar a los primeros de varias listas. Y Bárcenas comienza por B, por lo que estaba en primera posición en la candidatura del PP en Cantabria.

Está demostrado en la práctica de las elecciones que se han producido hasta ahora que por el método de las listas abiertas no se consigue el objetivo de modificar el planteamiento inicial de los partidos. Se consigue una cámara dominada casi al 100 % por los dos partidos más votados, y con los candidatos puestos en primer lugar por cada organización.

Entonces, ¿Qué hacemos para mejorar la satisfacción de los electores, sobre todo de aquellos que quieren elegir o tal vez tachar a personas?

El planteamiento podría ser, y aquí se puede abrir un debate, que las listas de cada partido tuvieran la posibilidad de señalar a quienes queremos que salgan, o tal vez incluso tachar a quienes no les queremos ver ni en pintura. Pero la elección debe ser a un partido, que es el que representa la idea.

Votar por tanto una idea, un proyecto político, y dentro de él señalar a quien o quienes confiamos en que la van a llevar a cabo mejor. El debate está abierto.

 

Teruel, 6 de febrero de 2013

José María Martínez Marco, Concejal de IU en Teruel